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Comentario acerca del documental de Javier Corcuera

Publicado: 2013-08-28

Javier Corcuera es un migrante, un peruano en España y por sus filmes casi también en el mundo. Esa visión y ese sentimiento que del Perú se tiene y se siente cuando se vive lejos, se alimenta de recuerdos y de rostros y canciones y cuentos y paisajes. Esa añoranza y ese deseo por volver, recuperar y recrear el país perdido es expresado fiel y maravillosamente en su documental, en su historia narrada con historias de personajes, paisajes y canciones. 

 Corcuera hace suyo las historias de los personajes que escogió para narrar su historia como si fuera él mismo, y ellos a través de sus relatos comparten también ese amor y el dolor por el retorno y la necesidad de no perder sus raíces, su identidad, porque tanto el director como ellos viven lejos de su pequeña patria, y sin ella son “nadies”. 

 Pareciera que en él pesan fuertemente dos elementos culturales, uno más personal, su recuerdo de la Lima de la tradición criolla, y un sentimiento más universal por un Perú representado por Arguedas, con todo lo que ello significa. La presencia amazónica era ineludible, necesaria para el filme y lo hace por el lado de lo mágico, la memoria y la naturaleza, del agua como principio y fin. 

 El camino del retorno que Corcuera escogió es el de la música, el elemento cultural que más acompaña, identifica y es forma de vida de una comunidad; que es danza y es fiesta, son sueños y melancolía, confraternidad e identidad. Es también tradición, pero amplia, diversa y migrante.

 Sigo Siendo no es un documental antropológico –etnomusicólogo- aunque puede ser un deleite para esa disciplina, no reproduce acontecimientos reales en el tiempo y el lugar, recrea la realidad sí pero no la adultera, los personajes son tal cual aparecen y sus historias son reales aunque hayan sido revividas por cortes para poderlas filmar. Desde ese punto de vista es realista y verosímil. 

Corcuera ha realizado una visión del Perú de su añoranza que sin ser total es válida. Las historias son focalizadas en Pucallpa, Ayacucho, Chincha y Lima y buscan ser una metáfora del país diverso, extenso, complejo y de mundos separados pero que aún así se encuentran desde abajo, desde lo popular, la migración y su cultura, en este caso a través de su música. 


Los personajes 

 Roni Wano (Amelia Panduro) es quien abre la historia en medio de ese paisaje que parece ser el último bosque primario de la Amazonía en conservación. Este personaje solitario en medio de la inmensidad de la selva aparece como una metáfora de lo que es la Amazonía para los peruanos, un enorme territorio de connotaciones mágicas habitado por personas de las cuales hay muchas cosas todavía por conocer y aprender. Su música original y tradicional está aún por ser develada ya que más que nada conocemos comercialmente la versión de los colonizadores que llegaron de todo el Perú y crearon una forma de ser mestiza. 

 Recrear el mundo de Arguedas a través de la música no es difícil, Ayacucho (Lucanas-Andahuaylas) es una de las regiones más musicales y de tradiciones danzarias más interesantes. Corcuera escogió a los amigos músicos de José María y los reunió en sus pueblos originarios e invitó a intérpretes mujeres para cantar a esta región. El decidir a quién invitar me imagino ha sido una tarea difícil y un rol muy importante y fundamental ha sido el realizado por Chano Díaz, y ha dependido de lo que se conozca, se guste y adapte a la visión del director. Creo que algunos ayacuchanos importantes por su representatividad y autenticidad como Edwin Montoya, Manuel Silva “Pichincucha”, Manuelcha Prado y Margot Palomino, podrían haber igualmente formado parte del elenco y dado mucha fortaleza. 

 Y sí considero que el documental hubiera ganado mucho si se hubiera invitado a la soprano Sylvia Falcón, la mejor intérprete de música lírica tradicional andina –género nuestro que hay que recuperar- para la secuencia de Ima Sumac, ella ha grabado huaynos ayacuchanos con el desaparecido maestro Daniel Kirwayo y también ha incorporado parte del repertorio de la diva, doña Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo. Edith Ramos la intérprete puneña también es maravillosa pero la música que hace es básicamente de su región. 

Una de las secuencias más significativas, notables, emotivas y certeras es la del encuentro entre Máximo Damián y la familia Ballumbrosio. Se sabe que para las fiestas entre Navidad y Bajada de Reyes vienen atajos de la sierra ayacuchana a El Carmen y de ahí nació la fusión del zapateo en la Danza de Negritos. “Esta Danza se practica en Navidad para el Nacimiento de Jesús, y el 6 de Enero en homenaje a la Melchorita divinidad popular cuyo santuario se encuentra en el distrito de Grocio Prado”. (Chalena Vásquez. 1979). Por eso es que la reunión en este documental del indígena y maravilloso violinista de Ishua con los zapateadores negros chinchanos es histórica y de antología, un golpe al corazón. Hubiera querido ver más. 

 El mundo andino ayacuchano que nos presenta Corcuera no solo es de autenticidad musical, también lo es en lo social y nos muestra la realidad de los pueblos campesinos habitados en su mayoría por ancianos, de chacras abandonadas y puertas con los candados de la migración. Pueblos que a pesar de ello siguen siendo una referencia de identidad para los expulsados por la pobreza, el abandono y la violencia que azotó sus campos y a sus familias durante la aciaga década de los 80s. Ellos retornan para las fiestas del pueblo para asumir los cargos o para participar en ellas, como un ritual de renacimiento. La fiesta es el elemento de identidad que los reúne y hace sentir parte de su comunidad. En esta caso vemos una hermosa secuencia de recreación de la fiesta del agua, la limpia de acequias en trabajo comunal que dará vida a sus parcelas y es motivo para reproducir una tradición que se acompaña con cantos, música y danzas costumbristas locales y regionales. 

La historia en paralelo de don Máximo Damián y don Andrés “Chimango” Lares nos lleva a reunirlos en el reto de los Danzantes de Tijeras, Elizabeth López y Florián Ramos, me hubiera gustado verlos juntos en algún momento y que el arpista Félix “Duko” Quispe tuviera una mejor presentación. 

La otra vertiente musical presente es la criolla popular limeña, representada fundamentalmente por músicos e intérpretes afroperuanos, todos ellos esenciales en lo mejor de la tradición limeña. La reunión del maestro Carlos Hayre con Félix Casaverde y el querido Mangué Vásquez, ha sido premonitoria y no sé si fue idea de Díaz o de Corcuera, pero la próxima vez que decidan juntar algunos músicos yo creo que estarán advertidos. Al margen de lo que el destino dispusiera, Sara Van no solo está en el afiche –supongo que por tratarse de ellos- si no que no podría haber tenido una mejor introducción a la tradición musical de su tierra natal. La escena completa es memorable. 

Sin embargo sentí algunas ausencias para mi imprescindibles en un documental de esta naturaleza. Creo que doña Alicia Maguiña debió estar, o sola con un testimonio, o en la reunión del callejón. No es posible que se recuerde a Chabuca y a Pinglo y no se le mencione siquiera. Ella es un puente vivo entre la cultura costeña y la andina, y no solo es una creadora, si no además una estudiosa de nuestra música tradicional. 

 Hay muchos nombres a quiénes recordar, entre los afroperuanos, los Vásquez están con todo el derecho, pero ¿y los Santa Cruz?. Nicomedes y Victoria son historia. Y si de hablar de jarana se trataba para eso estaba don Augusto Ascuez Villanueva. Así mismo, un personaje de tradición limeña vivo es doña Elenita Bustamante, sobreviviente de la collera de Chabuca y de Mocha Graña -ella aún canta en ocasiones en fiestas privadas- creo que su presencia en la secuencia del callejón le hubiera dado más valor a esas imágenes. Hay también una guitarra que se considera la primera de la música criolla, don Oscar Avilés, supongo que estuvo en la idea original y que por razones de producción no ha podido estar, es una lástima. 

Las imágenes de Lima como las de la sierra de Lucanas y la selva de Yarinacocha no son las típicas de Prom Perú, pero los diferentes paisajes son también personajes que conmueven por su grandeza y porque son el marco natural en las que estas historias transcurren, de alguna manera las explican, y el paisaje cultural, el labrado en forma de andenes y caminos, entre los cerros y el desierto, son también parte de nuestra identidad. 

En el rostro limeño, en su tráfico caótico, en sus anuncios publicitarios está presente el cine de Corcuera, el de las ciudades en conflicto, el de los barrios de niños que trabajan, los círculos de miseria y la mirada de los más pobres. También en las aldeas pobladas de invisibles. No es un cine que busque retratar la miseria porque eso conmueve a algunas conciencias, me parece todo lo contrario, creo que rescata y revalora a los seres humanos que a pesar de las dificultades y de la dolorosa realidad que tienen que afrontar diariamente mantienen sin embargo su dignidad, y esa fortaleza que les da saber que son creadores y que su arte es parte de una cultura mayor, la cultura de un pueblo. La cultura tiene también ese poder sanador. 


Ficha técnica 

Una nueva deuda tiene el cine peruano con el español, otro peruano cruza el charco para venir a filmar a su tierra historias propias. Javier Corcuera no sale de las canteras del cine local tradicional pero esta producción sí tiene una participación peruana definitiva. La Mula producciones (Perú) y La Zanfoña producciones (España) con la colaboración de una serie de entidades estatales y privadas de los dos países han logrado esta producción. 

Corcuera ha tenido en Chano Díaz un colaborador fundamental, no sé hasta qué punto muchos méritos le corresponden a él en la selección de personajes y del repertorio, pero sin lugar a dudas es importante. Además el director no viaja solo y tiene compañeros de ruta que le suelen acompañar desde otros filmes anteriores, Ana de Prada es su coguionista y asistente de dirección, con quien seguramente comparte los hemisferios cerebrales. Sus ojos son Jordi Abusada (director de fotografía) y Mario Agudo, la fotografía es magistral y ha sido fundamental para incorporar al paisaje como personaje. En un documental su trabajo tiene que ser muy cercano a la visión y punto de vista del director porque a diferencia de la ficción las imágenes captadas son de la realidad y lo que se decide filmar es una decisión del camarógrafo. En este caso, salvo en el reto de los danzantes y en El Carmen, los planos han sido concebidos previamente. En una película de esta naturaleza el sonido es obviamente crucial y la responsabilidad de su dirección la ha tenido la peruana Rosa María Oliart, ella y el sonidista en directo John Figueroa han realizado un trabajo impecable, las tomas en la selva y en las interpretaciones –con el arpa, las tijeras, el zapateo y el cajón son brillantes. La mezcla de José Antonio Manovel y la Factoría de Ruidos lo aprovechó al máximo y tenemos un producto tanto en imagen como en sonido de primera calidad. 

 Javier Corcuera ha realizado una gran obra porque sus ideas las tiene claras, porque sabe lo que quiere, qué tempo, qué ritmo y qué silencio darle a las imágenes, qué encuadre a sus personajes, sus locaciones y cómo y cuándo cruzar las historias en paralelo. Pero esto lo ha logrado bien gracias a que tenía un equipo técnico de primera y una producción (Rolando Toledo y Gervasio Igesias) que, al parecer, le ha funcionado. El cine es un trabajo de equipo y es virtud del director saberlo –valga la redundancia- dirigir. 

Felicitaciones y gracias. Seguimos siendo.  


Escrito por

Jorge Delgado

Cineasta y productor cultural. Autodidacta. Liberal republicano. Piurano. Amante del país.


Publicado en

El piajeno

Un espacio que busca contribuir a la reflexión y a la discusión de las ideas y prácticas que se dan en mi sociedad, la peruana.