¿Hasta cuándo?

LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO: Eugene Delacroix. 1830 (La bandera francesa se ha reemplazado por la peruana)

VIGENCIA DEL LIBERALISMO REPUBLICANO

Publicado: 2017-06-21

Es reconocido que la representación política de los peruanos profundizó su fragmentación y debilitamiento a partir de los años 80s del siglo pasado y en los 90s, con el impulso de la dictadura de Alberto Fujimori, este proceso llegó a su colapso. Lo más grave es que las ideologías que sustentaban el sistema de partidos también entró a la deriva y al cuestionamiento a su vigencia, no solo por su incapacidad para entender el Perú contemporáneo y proponer un proyecto nacional, si no porque en el mundo el Socialismo y el Neoliberalismo fracasaron en su aplicación y hoy están en cuestionamiento y revisión, más no en el Perú. 

Una crisis ya casi crónica existe desde entonces para la ciudadanía, especialmente para la mayoría popular que está buscando una representación para sus demandas por una más amplia y profunda democracia que defienda sus intereses económicos, sus logros y posicionamiento social y sus derechos: humanos, laborales, ciudadanos y culturales. Que impulse y haga suya sus emprendimientos e ideales de justicia, progreso y modernidad, así como que se identifique y reconozca con su diversa identidad regional y cultural.

En este contexto de crisis de representación partidaria existe hoy la necesidad de crear una alternativa política para los amplios sectores ciudadanos que valoran la democracia, los valores nacionales y cívicos, están contra la corrupción y demandan seguridad, estabilidad y le garantice los cambios que el propio sistema demanda. 

La siguiente propuesta busca encontrar dentro de la Historia del Perú y la herencia republicana una respuesta y una salida a nuestras necesidades políticas dentro del sistema democrático en que el Perú vive y busca su encuentro como Nación, su ordenamiento como Estado y desarrollo como País.


I

La rebelión contra el poder español y criollo colonial en el Virreinato del Perú, precursora de las guerras de independencia lideradas por los criollos emancipadores americanos, se inicia en 1780 con el Inca José Gabriel Condorcanqui Noguera Tupac Amaru II, Curaca de Surimana, Tungasuca y Pampamarca y de su compañera y esposa mulata Micaela Bastidas. Duró hasta 1784 y se convirtió en una guerra anti feudal-colonial, antirracista y por la reafirmación de los valores culturales, espirituales, lingüísticos, religiosos y ancestrales de los pueblos indígenas. Murieron más de cien mil personas de una población de 1.2 millones. Gran parte de las bajas no se produjeron durante la rebelión sino en la persecución y represión posterior que duró varios años. La derrota no significó el olvido de la rebelión ni de los motivos que la impulsaron porque en gran medida durante la república estos siguieron existiendo y de una u otras formas hasta la actualidad. En el Alto Perú fue Julián Apaza, Tupac Katari y su esposa Bartolina Sisa quienes dirigieron la rebelión de unos 40 mil hombres. 

Los revolucionarios criollos que finalmente lograron la independencia de España y la fundación de la República lo hicieron siguiendo los ideales de la Revolución Francesa que inspiraron e impulsaron sus anhelos de Libertad, Fraternidad (Solidaridad) e Igualdad. Fue este grito de las ideas liberales el que se opuso a las conservadoras de quienes querían seguir siendo súbditos de la corona española y de quienes optaban por una monarquía constitucional. La independencia del Perú adoptó la forma liberal republicana tras años de trabajo intelectual, lucha de ideas, organización, clandestinidad y persecución por parte del poder virreinal y también de la Inquisición, es decir del poder de la Iglesia oficial.

Cuando los ejércitos de José Francisco de San Martín y Matorras y luego de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco entraron en el territorio del Virreinato del Perú para acabar con el dominio español y lograr la definitiva independencia americana ya existían algunas condiciones favorables porque las rebeliones de heroicos grupos de patriotas para la independencia peruana ya había empezado: en Cusco, 1805 y 1814. En Chuquisaca, en el Alto Perú en 1809. En Tacna, 1811 y 1813. En Huánuco, Panatahuas y Huamalíes, 1812 y 1820. Huamanga en 1809, 1812, 1814 y 1820. Huaura, Huancayo, Tarma, Cerro de Pasco, Lambayeque, Trujillo y Guayaquil en 1820. Piura, Cajamarca, Tumbes, Chachapoyas y Jaén en 1821. En Lima hubo conspiraciones desde 1809 y siguieron en 1810 y 1814; en el Callao en 1818. Fueron grupos de revolucionarios quienes organizaron y prepararon la llegada de San Martín y lucharon hasta la victoria final en Ayacucho. Una división de 1,622 soldados peruanos al mando de Andrés de Santa Cruz y Calahumana -a la que se unieron una cantidad similar de voluntarios- partió de Lima hacia Quito en apoyo del ejército colombiano y vencieron juntos al ejército realista en Pichincha en 1822, luego de que Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá hubiera sido derrotado 8 meses atrás.

Los liberales revolucionarios peruanos tuvieron que enfrentar las condiciones más difíciles de todos los próceres sudamericanos porque Lima era la capital, la gran metrópoli española en la América del Sur, la más poderosa plaza militar y con un amplio sector de la población que no era necesariamente proclive a quebrar, por temor o por intereses, el orden establecido durante 300 años. Mientras que para los ejércitos extranjeros fue una guerra de todos contra el Perú, para nosotros los peruanos se trató de una guerra civil.

Fue con ideólogos y precursores como Juan Pablo Viscardo y Guzmán, autor de la histórica Carta a los españoles americanos en 1791, José Baquíjano y Carrillo de Córdova, III Conde de Vistaflorida, miembro y fundador de la Sociedad Amantes del País y de su vocero el Mercurio Peruano, que junto a José Hipólito Unánue y Pavón, Alejandro Toribio Rodríguez de Mendoza, José Faustino Sánchez Carrión entre muchos otros más, que se difunden las ideas liberales, antimonárquicas, emancipadoras y de un Estado laico.

Así también gracias a José de la Riva Agüero y Sánchez de Boquete, Manuel Lorenzo de Vidaurre, Francisco Javier Mariátegui y Tellería, Manuel Pérez de Tudela, Francisco de Paula Gonzáles Vigil, Francisco Xavier de Luna Pizarro, José Bernardo de Tagle y Portocarrero, José Matías Vázquez de Acuña, Conde de la Vega del Ren, José Andrés Rázuri Esteves, Domingo Nieto y Márquez y al Presidente José Domingo de La Mar y Cortázar, para destacar solo a algunos de ellos, que se lleva a cabo la acción y la guerra independentista.

El rol de las mujeres fue fundamental para la difusión de las ideas republicanas y de la gesta revolucionaria, tal fue el caso de las olvidadas María Parado de Bellido, Rosa Campusano, Manuela Sáenz, Carmen Guzmán, Juana Azurduy, Josefa Messia de la Fuente y Carrillo de Albornoz, Marquesa de San Miguel de Higar y Condesa de Sierra Bella, Petronila Arias de Saavedra de Puente, María Hermenegilda de Guisla y de Larrea, Marquesa de Guisla y Guicelín, Carmen Vásquez de Acuña, Condesa de la Vega de Ren y tantas otras que pasaron por el Tribunal de la Inquisición, la cárcel y las armas realistas.

Las organizaciones subversivas se dieron a través de las logias de los Masones y círculos secretos llamados Clubes como: el de San Jacinto (o de las Flores o de los Forasteros), el de San Pedro (o de los Neriz), el de los Coralinos, los Copetudos, los Provincianos (o de Presa). Sectores del pueblo mismo, criollos de las clases medias emergentes, indígenas, mestizos, esclavos, libertos y cimarrones, que se plegaron a los ejércitos libertadores, han sido los fundadores anónimos y no reconocidos de la República. Cuando San Martín llega al Perú viene con 4,100 soldados mayormente argentinos y chilenos y trae 15 mil fusiles, el primer mes ya tuvo 3,000 voluntarios esclavos negros que se plegaron al ejército porque se les ofreció la libertad.

La revolución de independencia tuvo según sus protagonistas diferentes motivaciones, lo más reconocido históricamente es que sectores de la aristocracia criolla buscan la independencia para fortalecer y emancipar su poder de la corona y convertirse en los nuevos señores de la nueva república. En ese proceso algunos de ellos cumplieron un rol progresivo, después con el tiempo como clase se encargarían de convertirse en todo lo contrario.

Las élites limeñas se resistieron al nuevo orden liberal republicano que propugnaba la igualdad ante la ley y rechazaron los nuevos valores éticos y morales de la institucionalidad del nuevo Estado que se oponía a la corrupción heredada del régimen español, lo que Jorge Basadre llamó la Crisis del Respeto. La doble moral de la clase dominante entre lo que decía y hacía se materializó con la permanencia de la esclavitud durante 45 años más después de desaparecido el régimen colonial. Y la distancia entre el mundo criollo y el indígena se extendió manteniendo el tributo indígena también durante 45 años más. Perpetúan el orden colonial de la exclusión y explotación al indígena y a los afroperuanos, imposibilitando con ello la construcción de una comunidad con una identidad nacional compartida.

Procuraron mantener sus privilegios coloniales por el solo hecho de ser la clase dominante, la llamada “gente decente”. Tito Flores Galindo analizando las relaciones entre la aristocracia y los sectores populares en ese periodo de nuestra Historia, nos hizo ver que el clásico dicho peruano de Hecha la ley, hecha la trampa se extendió a toda la sociedad, convirtiéndose en una lacra que todavía arrastramos hasta el presente en forma de impunidad y corrupción.

Este comportamiento de las élites peruanas se conserva hasta hoy y ha sido un boicot permanente a la formación del Estado nacional republicano. La construcción del Estado se entendió debía ser un proceso liderado por ellos pero nunca asumieron el rol de clase dirigente, les bastó con ser la clase dominante. Salvo algunas excepciones individuales o de grupos, como clase lo siguen siendo aún en el siglo XXI.

Sin embargo lo más trascendental y olvidado para los peruanos de hoy lo hicieron los verdaderos revolucionarios que dejaron como legado su ejemplo de vida y el pensamiento liberal republicano que fundamenta la democracia actual. De todos ellos es a José Faustino Sánchez Carrión, El Solitario de Sayán a quien reconocemos como el más excepcional e importante revolucionario, ideólogo, gestor de la independencia y Fundador de la República del Perú. El actual Congreso lo ha reconocido como Benemérito de la Patria y Forjador de la República, declarando el 2 de junio como su día. Queda pendiente efectivizar dicho reconocimiento en libros, filmes, documentos, calles y plazas, especialmente en la próxima celebración del Bicentenario.

Dentro de esos mismos próceres liberales es necesario incluir a José Gálvez Egúsquiza -el más importante héroe civil, muerto en el combate del 2 de mayo de 1866- por ser quien impulsó la eliminación de la esclavitud y del tributo indígena en el gobierno de Ramón Castilla, que a pesar de la independencia se mantuvieron injustamente vigentes durante 45 años de la vida republicana.

No fue un prócer, pero sí el primer presidente civil, Manuel Pardo y Lavalle, entre 1872 y 76. Hijo de la aristocracia limeña enriquecida con el guano y personaje de la elite intelectual dentro de ella, funda el Partido Civilista, de corte liberal y de clara oposición al militarismo empoderado en la república. Fue el primer intento de representación de clase dirigente con un proyecto de cambio y modernización del país. Un proyecto liberal dentro de la aristocracia conservadora y una sociedad poco afín a los cambios, sin lugar a dudas una forma de hacerse de enemigos y traidores. Según Carmen Mc Evoy los ejes sobre los cuales giró fueron: en lo económico propiciar el desarrollo de las bases materiales de la Nación y en lo político, la búsqueda del fortalecimiento y modernización del Estado.

Le tocó lidiar con la bancarrota del Perú y para ello rompiendo tabúes liberales estatiza las empresas salitreras. Esto, por cierto, provoca a los empresarios y tenedores de la deuda ingleses que apoyan a un Chile que ya venía armándose y preparándose para incursionar en territorio boliviano y peruano y servir a los ingleses la oportunidad y libertad para apropiarse del negocio salitrero. Su antimilitarismo, la bancarrota del Estado o su excesiva confianza en Argentina y Bolivia, inhibieron a Pardo de armar al Perú sabiendo que Chile lo hacía, las consecuencias ya las conocemos. Murió asesinado. De Pardo queda la oportunidad perdida de un líder con voluntad de clase dirigente con un proyecto de país aún por reconocer y armar.


II

Hemos sido ingratos al olvidar a los hombres y mujeres que nos dieron la libertad y hemos rendido pleitesía y monumentos en nuestras principales plazas a los ejércitos extranjeros que por su propio interés vinieron al Perú para acabar con el poder español. No es casual que algunas y algunos de ellos murieran traicionados, en la miseria, abandonados u olvidados, asesinados o en la soledad del exilio. El posterior militarismo, el caudillismo, la plutocracia, la república aristocrática, las dictaduras y el gamonalismo serrano, trajeron consigo el abismo social, la derrota ante Chile, la desmembración del territorio nacional, el estado empírico y ausente, el centralismo excluyente, el racismo, el genocidio indígena en la Amazonía, la no construcción de un Estado nacional

En este siglo XXI paradójicamente rige con más fuerza que en los siglos XIX y XX la herencia de la Revolución Francesa del siglo XVIII, convertida hoy en una revolución de la humanidad. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que dio origen a lo que hoy conocemos como La Declaración Universal de los Derechos Humanos, es la base legal, ética y moral de la Democracia que hoy demandan los pueblos. 

La sociedad peruana, el Estado peruano, no somos ajenos a ello, los ideales liberales de nuestra fundación republicana no se han realizado completamente y quedan aún por cumplirse plenamente los derechos civiles, laborales, culturales, de equidad de género, de igualdad de todos ante la ley. Los derechos nacionales y culturales de los pueblos indígenas, los derechos ciudadanos de quienes tienen diferencias en su orientación sexual, la desaparición de la discriminación racial y la plenitud de un Estado laico no confesional.


III

El Liberalismo ha tenido herederos en el siglo XX según la historia de los pueblos y los intereses de los grupos de poder. 

En el Perú, impulsado por el Consenso de Washington se implantó el llamado Neo Liberalismo en la década de 1990, que solo ha puesto énfasis en la libertad económica, el crecimiento económico, la predominancia del mercado y la negación de todo tipo de participación por parte del Estado en la economía, aunque se trate de espacios estratégicos para la seguridad y el desarrollo nacional, para las situaciones de desastres naturales como de agresión externa. 

Esto último ha quedado plenamente demostrado en esta crisis del 2017 provocada por el fenómeno natural del “Niño Costero” en que quedó en evidencia la necesidad de una línea aérea nacional, tanto para carga como para pasajeros. El Estado, a través de la Fuerza Aérea se vio forzado a intervenir para crear los puentes aéreos y de carga necesarios, siendo su capacidad insuficiente. Igualmente sucedió con el transporte marítimo, al haberse vendido la empresa estatal de la marina mercante, la empresa privada pesquera nacional y la Marina de Guerra tuvieron que asumir esta necesidad. Durante el conflicto con el Ecuador esta situación se dio de peor manera porque la marina mercante -de propiedad chilena- que presta servicios en el Perú, se alejó de nuestros puertos resguardando sus intereses, no sabemos si los económicos empresariales o sus nacionales. 

Esta crisis ha demostrado también que la empresa estatal Sedapal cumplió su rol social llevando agua gratuita a los pueblos que la necesitaban con urgencia. Difícilmente una empresa privada hubiera podido asumir este rol, salvo que el Estado la subvencionara.

Esta “agresión” de la naturaleza nos ha servido como ensayo general para saber cómo estamos preparados, como Estado y como sociedad, para afrontar un escenario de agresión externa y como los 20 años de neoliberalismo han debilitado al Estado en espacios estratégicos de nuestra seguridad nacional.

La imposición del neoliberalismo en el Perú exigió recortes de impuestos para las grandes empresas, el aplastamiento de los sindicatos, la desregulación ambiental, la privatización, la externalización y la competencia en los servicios públicos. A través del FMI, el Banco Mundial, el Tratado de Maastricht y la Organización Mundial del Comercio, se impusieron estas políticas sin el consentimiento democrático. Como señaló Pinochet, el ejemplo para las élites peruanas, mi preferencia personal se inclina hacia una dictadura liberal en lugar de hacia un gobierno democrático desprovisto del liberalismo.

El modelo se ha impuesto continuando con la historia de las clases dominantes que adecuaron a éste su tradición rentista, mercantilista y plutocrática. Sin ápice de nacionalismo, asociadas a intereses foráneos y sin importarles la Historia y la seguridad nacional, han preferido acomodarse como furgones de cola de proyectos empresariales de países vecinos con pretensiones hegemónicas regionales. 

El pensamiento liberal moderno desde las clases dominantes encontró en Mario Vargas Llosa un pensador y un líder político irrepetible pero sus ideas solo encontraron acogida cuando la propiedad de los bancos corrió el peligro de la estatización, es decir la construcción de una sociedad peruana democrática burguesa no fue parte de su verdadero interés. Del liberalismo sólo les importó la libertad para mantener su poder económico y para seguir utilizando al Estado como parte de su esencia mercantilista. La Democracia no fue de su interés, optaron fácilmente por el gobierno autoritario y dictatorial de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos –además de el más corrupto de la historia republicana- a cambio de acumular más riqueza aumentando el abismo social con el resto de los peruanos. Esta derecha autoritaria y amable con la corrupción entre sus filas es la que Juan Carlos Tafur, un liberal de derecha, denominó Derecha Bruta y Achorada (DBA).

Hoy en las esferas del poder encontramos una mayoría continuista del fujimorismo y una minoría democrática liberal que, siendo de derecha y defendiendo sus intereses de clase, reconoce y defiende el estado de derecho de tradición republicana.


IV

En la otra orilla política, la izquierda peruana se plegó a la tradición del pensamiento socialista desarrollado en Europa en el siglo XIX, principalmente por Carlos Marx y Federico Engels a la luz de la revolución industrial y la formación originaria de la clase obrera en Inglaterra, Alemania, Francia y Norteamérica, de sus primeras luchas y de sus organizaciones políticas revolucionarias. En 1848 aparece el Manifiesto Comunista, el histórico y fundacional documento que analiza la sociedad capitalista del siglo XIX y que en palabras de V.I. Lenin: Esta obra expone, con una claridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico mundial del proletariado como creador de una sociedad nueva, comunista. Pero esta revolución históricamente solo se efectivizó en países periféricos de menor desarrollo industrial y con una clase obrera minoritaria frente a una mayoría campesina y salidos de formas feudales, es decir no capitalistas. Los mejores ejemplos de ello son los de la Revolución Bolchevique en la decadente Rusia zarista y la Revolución China en un país encerrado y adormecido en su propio imperio.

Hoy en el siglo XXI somos testigos de un complejo cambio histórico, singular en cada caso y vemos cómo a pesar del legado heroico de sus pueblos y del desarrollo del pensamiento filosófico materialista por parte de sus líderes, estos países transitaron al capitalismo que los ha convertido, en una “fase superior” del capitalismo de Estado, es decir en nuevos imperios mundiales.

En América Latina, la experiencia cubana es sin lugar a dudas la de mayor trascendencia y su revolución anti imperialista convertida en socialista, tiene indudables y ejemplares logros sociales, pero la heroicidad y grandeza de su pueblo no fueron suficientes para sostener un sistema que solo fue posible mantener a través de una dictadura. Hoy en Cuba la transición hacia formas democráticas liberales y de capitalismo privado, marcha a la transformación de una nueva y particular forma de socialismo. Estos son hechos inevitables e irreversibles. El socialismo en su versión cubana tradicional ha colapsado y lo que queda de ello en profundidad es la conciencia de su pueblo en esencia nacionalista y anti imperialista, legados históricos de José Martí que la revolución liderada por Fidel Castro hicieron suyos y fortaleció.

Finalmente, con un sangriento y miserable final la llamada Revolución Bolivariana financiada con los altos precios del petróleo y liderada por Hugo Chávez, el carismático general nacionalista que pretendió hacer una revolución populista desde el poder estatal y militar. Al parecer inspirada, en parte, en lo que realizó “mi General Velasco Alvarado” -como solía decir Chávez- creando desde el Estado organismos del llamado Poder Popular que nos recuerda al Sistema Nacional de Movilización Social (SINAMOS) velasquista y con un férreo y corrupto control estatal semejante al que organizó Vladimiro Montesinos para la dictadura de Alberto Fujimori. Sí hay que reconocerle el liderazgo continental que logró darle un nuevo espíritu a los países de la América del Sur frente al liderazgo y poder, político y económico de los Estados Unidos y sus socios más cercanos en la región. Su heredero Nicolás Maduro, ya sin los precios altos del petróleo y conjuntamente con una de las derechas sudamericanas más reaccionarias, semejante a la cubana del exilio -que nunca pudo superar su fracaso en Playa Girón- han llevado a Venezuela a casi una guerra civil y a la bancarrota económica. El pueblo venezolano dividido está en las calles entregando vidas sin saber cuál será su futuro. Algunos “revolucionarios” peruanos entusiasmados con el “poder popular” se plegaron a la Revolución Bolivariana y hoy no terminan de digerir su fracaso y cambian de nombre a su movimiento para participar en las elecciones democráticas del Perú, pero sin autocrítica previa.

A pesar del retroceso histórico que la humanidad ha vivido en sus intentos por construir sociedades igualitarias, solidarias y ecológicas a través del Socialismo, este proceso no puede ser juzgado únicamente por sus errores porque también existen aciertos que los pueblos han defendido hasta con su vidas y gigantescos sacrificios. Estos hechos existieron y en la memoria y en sus corazones perduran. Tanto es así que un nuevo fantasma recorre el mundo y llegado hasta el centro del poder, en los EEUU. Una nueva izquierda ha renacido en las entrañas mismas del liberal Partido Demócrata y se ha manifestado en las últimas elecciones con inusitada fuerza en las grandes metrópolis y en los estados más liberales y progresistas. La experiencia China tiene tan solo 68 años en un país de unos cinco a seis mil años de Historia y el gigante está despertando. En la América Latina sigue estando viva la esperanza en los pueblos y entre los más jóvenes, el recuerdo de México, Cuba y de la épica de la Nicaragua sandinista, siguen siendo puntos de partida para nuevos paradigmas sociales que se incluyen en los movimientos democratizadores de los pueblos indígenas, de los afro-descendientes, de mujeres, ecologistas y de los derechos humanos, culturales y civiles sin exclusiones.

En el Perú, pesar de los cambios y fracasos históricos sucedidos el pensamiento socialista tradicional se mantiene estoicamente fijo, estático, anquilosado, como si de una verdad absoluta y religiosa se tratara. Sus organizaciones permanecen atadas a viejas prácticas de imposición de dirigencias y representaciones, de acumulación de fuerzas, de creación de facciones y paralelismos, de argollas y “dueños de partidos”. Esta vieja y joven militancia persiste con el mito de la necesidad de la “izquierda unida” -bien decía Mariátegui que el Perú es un país de rótulos y etiquetas- y la militancia izquierdista se encarga de recordárnoslo todo el tiempo.

José Carlos Mariátegui ha sido el pensador y activista político más importante del Perú desde José F. Sánchez Carrión. Mariátegui en sus ensayos da una visión del Perú en la escena contemporánea que le tocó vivir y un programa político que adhiere a las grandes transformaciones que la revolución indígena y campesina mexicana y la rusa bolchevique daban entonces a esta parte de mundo. La gran diferencia del pensamiento mariateguista con el revolucionario de la época fue su heterodoxia y originalidad para comprender e interpretar la realidad del Perú. Al señalar que el problema del indígena era el de la propiedad de la tierra no señalaba solamente un problema económico y de clase, marcaba con ello una determinación que los comunistas, que supuestamente heredaron sus ideas, no entendieron. Las anteojeras del dogmatismo y la sujeción a los postulados y a la organización de la III Internacional Socialista promovida por el estalinismo, les hizo olvidar del reconocimiento explícito que hizo de la existencia del indígena como tal, como sujeto social y cultural, a pesar de lo poco que logró conocerlo .

Al morir Mariátegui, Eudocio Ravines le sucede en la conducción del Partido Socialista y como agente de la Komintern impulsa el cambio de nombre a Comunista y lo afilia a la III Internacional Comunista. Su sectarismo y dogmatismo y su explícita dependencia de la URSS alejan al partido de las masas populares y le deja el espacio a la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) que, desde entonces, se convierte en el “partido del pueblo”. 

El partido fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre con su doctrina socialdemócrata inicialmente radical, propuesta en El Antiimperialismo y el APRA tuvo décadas de lucha antidictatorial, fue el partido de Pan con Libertad, el de la Revolución de Trujillo en 1932, el de militantes presos en El Frontón y dirigentes deportados a Chile y Argentina. El de los exiliados que influyen en el Partido Socialista Chileno, hasta el punto de hacer suyos el himno y la bandera aprista. Fundan la Editorial Ercilla y publican El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría, uno de los exiliados. Pero como Nelson Manrique escribió: “la historia del APRA está plagada de virajes sin fin” y hoy es un partido traidor a sus mártires y antípoda del fundacional. El último sector izquierdista importante que existió al interior del partido se convirtió en el APRA Rebelde y en 1962 cambia de nombre a Movimiento de Izquierda Revolucionario y se fue a las guerrillas de inspiración y apoyo cubano. Unos 10 años después, ya en la política, sería parte activa en la refundación de la izquierda peruana.

Lo sucedido con el Partido Socialista, su apropiación, cambio de nombre y principalmente de línea política trajo por tierra el espíritu y la organización dejada por Mariátegui. Una relectura y continuación de su brillante aporte para entender el Perú y ofrecer una propuesta nueva de país solo ha sido hecho por algunos intelectuales que no son estudiados ni tomados en cuenta por quienes lideran y hacen la práctica política. 

La peor y más trágica vigencia de esta práctica la ha protagonizado sin duda alguna el Partido Comunista Sendero Luminoso. Dogmáticamente fiel a un pensamiento anacrónico, con ribetes de mitomanía colectiva y fe religiosa, populista e ignorante, autoritario e inquisidor, apeló al terrorismo cobarde y al crimen selectivo como forma de lucha, contra el Estado, la sociedad y contra todos aquellos líderes populares y ciudadanos comunes –principalmente indígenas y campesinos- que no aceptaban, ni su ideología, ni su forma de hacer su “revolución”. Lejos de buscar convencer con la razón apelaron a la fuerza y a la imposición.

Hoy el PC-SL es un lastre social para los peruanos porque son incapaces de reconocer su equívoco histórico y lejos de ejercer la autocrítica se reafirman en la justeza y corrección de lo que denominaron “guerra popular”. El llamado “Pensamiento Gonzalo” no es más que una infeliz retahíla de clichés acerca de la realidad nacional y mundial, encorsetadas en las ideas ramplonas de un líder cobarde y narcisista. El análisis concreto de la realidad concreta leninista no fue capaz de hacerlo, como tampoco aquello de Aquel que no ha investigado no tiene derecho a hablar” y que La verdad de un conocimiento o de una teoría no se determina por una apreciación subjetiva, sino por los resultados objetivos de la práctica social. El criterio de la verdad no puede ser otro sino la práctica social, sentencias de su supuesto maestro Mao Zedong. La verdad es que Guzmán habló demasiado y por sus resultados objetivos es un fracasado.

El PC-SL es también un lastre político para todas aquellas organizaciones de izquierda que no han sido, ni son terroristas, porque no han podido deslindar con toda nitidez de los pequeños grupos dogmáticos, infantiles y ultraizquierdistas -con lenguajes similares a los del PCSL- que pululan entre ellos. Es por esto que son fácil presa de la crítica reaccionaria y confunden a la masa que confía en sus organizaciones porque en sus filas existen cuadros de genuino compromiso con sus causas y luchas. 

Si bien la vieja izquierda muestra limitaciones para una auto transformación y adecuación a la escena contemporánea, es también gracias a ella que la izquierda peruana existe y tiene en su haber una historia valiosa que contar. Ese desarrollo que logró se perdió principalmente por sus propios errores y por el rol nefasto del PC-SL que asesinó a sus líderes populares y sindicales, creó el terror en las organizaciones y le facilitó al Estado su represión y dispersión. 

Esta izquierda está organizada para las luchas sociales, que es su principal preocupación –algunos más jóvenes e inexpertos creen ingenuamente que acumulando luchas se llegará a hacer la revolución- y para participar en las elecciones, pero no se prepara realmente para gobernar, ni para tener una representación política de primer nivel. Salvo excepciones exitosas como el gobierno municipal de Lima con Alfonso Barrantes o en algunas provincias y distritos como Anta, Cusco y su participación en algunos ministerios.

La juventud presente en estos partidos lejos de haber logrado cambiar las viejas estructuras, estas los han “avejentado” y devenido en conservadores, porque no hay más conservadurismo izquierdista que aquel que se proclama revolucionario.


V

La principal falencia de la clase política peruana en general y de la izquierda socialista en particular ha sido su incapacidad para entender la complejidad de la moderna sociedad peruana. La dogmática visión clasista les ha impedido entender la trama cultural que la atraviesa. Sobretodo desde que en la mitad del siglo XX se generó la más grande oleada migratoria del campo a la ciudad y desde las provincias hacia Lima que ha creado nuevas ciudades, impulsado y fortalecido los ejes económicos territoriales, generado una transformación cultural urbana y haber empezado, desde abajo, la formación del Estado nacional y la identidad del Perú desde lo popular y la diversidad cultural. Según Gonzalo Portocarrero, tarea iniciada por Gonzales Prada y continuada por Valcárcel, Mariátegui y Arguedas.

La izquierda en su búsqueda de la clase obrera que lidere la anhelada revolución por la pequeña burguesía ilustrada, se perdió de ver y entender la revolución social y cultural que con impresionante tenacidad han llevado a cabo los más pobres durante 3 generaciones -hoy en Lima deben ser unas 7 millones de personas- que durante más de medio siglo han construido ciudades y trabajado entre 12 y 16 horas diarias, creando riqueza en una economía con sectores formales, informales y delictivos enlazados entre sí.

Ayudados por el crecimiento económico generado en los últimos 20 años por las reformas neoliberales y el alto precio de las commodities, esa riqueza ha empoderado a las nuevas clases medias y sectores populares emergentes que conviven en las ciudades que crearon sus padres y abuelos, que a pesar de su falta de educación han conseguido poner los presidentes y congresistas en claro y abierto enfrentamiento a la vieja plutocracia desde 1990 hasta la actualidad.

Pero el modelo neoliberal ha llegado a su límite y a su recta final. Los precios de los minerales cayeron y el exitoso crecimiento económico modelo en América Latina no se cae pero se desploma. Lo que está quedando de él ha sido el enorme enriquecimiento de un pequeño sector aumentando el abismo social entre los peruanos. Tal como en la época del guano la acumulación de riqueza no ha servido para organizar el Estado y crear más país, las élites demostraron que no cambiaron, no apareció ningún Manuel Pardo y Lavalle y perdieron todas las oportunidades tenidas. Las clases altas, la “gente decente” no aprendieron de la Historia y a pesar del esfuerzo de algunos, como clase no han sido capaces de liderar una propuesta que manteniendo su dominio sea capaz de convocar a toda la sociedad a una mejor calidad de vida y de desarrollo.

El crecimiento económico que les enorgullece se dio entre la más alta corrupción jamás habida en la república –superó a la época del guano- ha llevado además a la sociedad peruana al despeñadero de la pérdida de valores de todo tipo, éticos, morales, cívicos, deportivos y patrióticos. A la comercialización de los títulos profesionales, la mercantilización de pésima calidad de los servicios de educación y salud, a la antiética competencia personal y comercial. La publicidad incesante hacia el arribismo social y el éxito personal han potenciado una pandemia de enfermedades mentales: ansiedad, estrés, depresión, presión arterial, enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares, drogadicción, violencia familiar, complejos de inferioridad, consumismo, fobia social, trastornos de la alimentación, la autolesión y la soledad. Incrementado el racismo en la televisión y la publicidad y últimamente hasta en el cine, utilizando mayoritariamente modelos blancos y blanqueados como pretexto de que las mayorías aspiran a serlo, negando y agrediendo nuestras identidades originarias y el mestizaje característico de nuestra diversidad cultural. (Recogiendo algunas ideas de George Monbiot en The Guardian)

Esta crisis económica, social, ética y moral no ha encontrado desde la izquierda ni la derecha democrática una nueva propuesta política, un nuevo proyecto alternativo convincente. No solo los sectores populares de Lima y las regiones, si no la ciudadanía de todo el país siguen esperando un proyecto nacional que defienda sus logros económicos y sociales logrados, que impulse sus emprendimientos y desarrolle los circuitos de los mercados regionales como el espacio del comercio justo a nivel internacional. 

La condición necesaria para este desarrollo nacional es la existencia de la Democracia, no solo de una amplia representación, si no para la igualdad de oportunidades y de crecimiento, de acceso a la mejor educación y a la calidad de vida y salud; al reconocimiento y aceptación de las diferencias y la diversidad étnica y cultural. La Democracia va de la mano con un sistema de justicia que combate la trampa y la corrupción; con la participación ciudadana en los ámbitos locales y regionales, con la extirpación del racismo y la discriminación, la igualdad de derechos para hombres y mujeres y de una sociedad laica sin intromisión de instituciones ajenas al Estado en el manejo de la cosa pública.

La Democracia a la que hacemos referencia no es otra que la de los próceres de nuestra independencia y por ello sigue siendo una tarea construir el Estado nacional y reconocernos en una identidad que exprese nuestra diversidad étnica, lingüística y cultural. Que el Perú sea una República signifique que todas y todas somos ciudadanos y por lo tanto tenemos los mismos derechos y obligaciones, porque todos somos iguales ante la ley. El proyecto del Estado Liberal Republicano está vigente.


Lima, junio de 2017.



Escrito por

Jorge Delgado

Cineasta y productor cultural. Autodidacta. Liberal republicano. Piurano. Amante del país.


Publicado en

El piajeno

Un espacio que busca contribuir a la reflexión y a la discusión de las ideas y prácticas que se dan en mi sociedad, la peruana.